jueves, 26 de marzo de 2015

Publicado en: EN DIÁLOGO
Hermano Santiago Kloster, ssp

"Expresar lo que se siente"

Santiago Kloster, ssp.
 
 
El Hermano Santiago Kloster, ssp, es escritor y poeta, sus textos se han publicado en la Liturgia Cotidiana y en Internet, y es autor de los libros Amistad y vida y Los sueños de Dios Padretambién es un asiduo participante de El Café del Padre Hernán, un café literario que se realiza en la Editorial San Pablo una vez por mes.
 
¿Cuándo empezaste a escribir poesías?
 
Comencé hará unos veinte años, pero escribía solo para mí, no pensaba publicar nada. Después empecé a escribir más seguido, sobre todo, durante los últimos años que estuve en Córdoba. Me fui dando cuenta de que los mejores poemas me salen cuando son espontáneos; o sea, estoy sentado frente a la PC, me pongo a escribir y me sale todo prácticamente de corrido, después cambio alguna palabrita que se repite, pero nada más. Así escribí, por ejemplo, el poema de los niños que vos conocés, es largo, pero lo escribí de un tirón, yo no había pensado en escribir sobre los chicos en los semáforos, y salió así.

 
¿Te gusta leer poesías?
 
Probablemente todo venga de ahí. Yo tengo un problema en una pierna, en la rodilla derecha, y estuve internado más de dos años en el hospital. Tenía seis años cuando me internaron y allí estuve hasta que se me curó la infección que se llama osteomielitis, que es la peor infección que se conoce hasta ahora. Yo estaba en una sala de hombres, porque para cirugía no había sala de niños, y ahí, no me acuerdo quiénes, tal vez las mismas enfermeras, me acercaban libros de poemas, así leí el Martín Fierro, a Almafuerte, Santos Vega, varios libros. Me gustaba mucho leer poemas,  jamás hice un curso sobre poesía ni nada, escribir es algo que me nace naturalmente.
 
¿Cuándo empezaste a participar del Café?
 
Empecé cuando todavía estaba el P. Hernán, los últimos tres o cuatro meses. No fui antes porque pensaba que era un taller donde había que escribir ahí, y no, así que comencé a asistir con el P. Hernán y sigo hasta hoy.
 
¿Qué es lo que te gusta del Café?
 
Me gusta que se compartan las experiencias que cada uno está viviendo, o vivió, y las exprese en sus poesías, como es mi caso y creo que el de la mayoría, la gente expresa lo que siente, lo que vive.
 
¿Qué le dirías a alguien que quiere ser poeta?
No sé si poeta se nace o se hace, pero creo que cuando uno se pone, se puede mejorar, puede ir descubriendo cualidades que quizá pensaba que no las tenía. Yo, en mí experiencia, puedo decir que hay algo, una inspiración, porque los mejores poemas que he escrito fueron como dije una inspiración del momento, y se nota porque a la gente le gustan.
 

 
Niños de la calle
(los niños que están en los semáforos)
 
 
Sabe Dios las historias
que ya habrás vivido;
¡con tus once añitos
apenas cumplidos!
¡Creciste tan de golpe,
no disfrutaste ser niño;
la vida será dura,
e incierto el camino!
 
¡Con caritas tristes
y sonrisas borradas,
lágrimas contenidas,
al no poder llorarlas!
Penas y sufrimientos,
dolores en sus almas,
solo unas moneditas,
es lo que deseabas…
 
Pero a veces no cae
ni una sola a tus palmas,
para saciar tu hambre
de tantas mañanas…
De días interminables,
angustias resignadas;
¡muchos sufrimientos,
y alegrías muy escasas!
 
Sin embargo, intentas
alegrarnos con magia:
¡Malabares circenses,
ejecutas con gracia!
A la luz de los semáforos,
tú los ofreces gratis,
pues las moneditas
son, de lleno, voluntarias.
 
Al cambiar la luz verde,
se ilumina tu mirada,
¡al fin unas monedas
podrás llevar a casa!
Hermanitos esperan,
el hambre no pasa...
¡Aunque la mamá
a veces haga magia!
 
Siempre hay motivos
para no dar nada…
¡Porque una moneda
no soluciona el drama!
Unas pocas monedas
parecen casi nada...
¡Tal vez a algún niño
el hambre le calma!
 
Es que una moneda vale
lo que cuesta ganarla,
y unas cuantas monedas,
¡por cierto, hacen magia!
Y a la sazón, te alejas,
con la cabeza gacha,
pensando en lo duro
de cada jornada.
 
No obstante, intuyendo,
la suerte cambie mañana:
¡Esbozas una sonrisa,
y resplandece tu cara!
Porque algo ha quedado
de lo aprendido en casa:
¡Lo último que se pierde
es justo la esperanza!
 
Hno. Santiago E. Kloster, ssp

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