jueves, 26 de marzo de 2015

Publicado en: EN DIÁLOGO
Jorge Héctor Arizio - Iconógrafo

El camino del ícono

Jorge Héctor Arizio, ROL.El iconógrafo Jorge Héctor Arizio es diácono de la iglesia ortodoxa San Martín de Tours hace treinta y cinco años. Ha brindado charlas y talleres de iconografía aquí y en el exterior. Dirige el Taller de Iconografía Jean de Saint Denís y tanto él como sus alumnos participan anualmente de los Encuentros de Iconografía Argentina, que organiza Editorial SAN PABLO.
 
-¿Cómo empezaste con la iconografía?
 
-Entré en la iglesia ortodoxa por el ícono, en una época que no era como ahora que hay muchos talleres, que se consigue material; había que rebuscárselas como se podía, tampoco había casi internet, fue hace más de treinta años; empecé con una señora que había estudiado en Francia y con María Cecilia Mascarenhas de Boschkowitsch. Junté muchos textos sobre iconografía, estudié mucho y comencé a dar cursos, charlas. Durante los últimos quince años, inicié mi taller, también tuve contacto con una iconógrafa francesa que estudia en el taller San Juan Damasceno en Francia, que vino tres años seguidos para hacer stages de unos quince días, muy lindos.
 
-Utilizás una técnica rusa, ¿por qué la elegiste?
 
-Porque es la que más me llegó y está plagada de oración; yo planteo, más que la técnica, el camino que va a hacer uno, y,  para recorrer ese camino y entrar en el camino del ícono, es necesario primero hacer silencio, interior y exterior: una pequeña ascesis con  nuestra plegaria, despejar la mochila que traemos en la cabeza, liberarla, colocar la imagen del Cristo ahí y realizar el trabajo del descenso al corazón; eso como primer paso para relajarnos, tratar de conseguir un silencio interior, que es difícil, para poder abordar el ícono y después la oración; constantemente, estamos diciendo con el pincel: “Señor, ten piedad, Señor, ten piedad…”. A veces, los alumnos lo logran, otras se olvidan, lo cual se ve en la obra, se ve en un ícono cuando hay oración o no, se siente, hay una presencia.

 
-¿Cómo trabajás con las imágenes de santos nuevos, o no ortodoxos,  o nuevas advocaciones de la Virgen?
 
-Yo trato de mantener la tradición, si es profeta o si es santo o apóstol, hay que tener la simbología de cada uno y conservar el prototipo de los íconos anteriores. Yo, por ejemplo, hice a san Martín de Porres, que no es ortodoxo, pero yo lo siento, es mío, y ahora mis alumnas están haciendo una recreación de la Virgen de Guadalupe, que se tomó del trabajo de una iconógrafa mexicana que vive en los Estados Unidos. El año pasado, hicimos la Virgen de Monte Carmelo, vamos manteniendo la simbología y lo que marca la tradición, y lo recreamos, sin desviarnos de los textos escritos, debemos ir controlando, porque mucha iconografía de los últimos siglos es muy decadente.
 
-¿Decadente en qué sentido?
 
-Porque las imágenes se volvieron muy naturales, parecen estampitas, y, en el ícono, la imagen es una imagen transfigurada, no es ciento por ciento natural, eso no se acepta en iconografía; incluso, se agregan detalles que no están en la Escritura, hay íconos, por ejemplo, que muestran la figura del Padre, y yo no estoy de acuerdo con eso porque ya está el Hijo que es la imagen del Padre.
 
¿Además de la técnica, es muy importante leer sobre iconografía?
 
-Tuve la suerte de conocer sacerdotes ortodoxos que les gustaba la iconografía y  pude, más que pintar, conversar con ellos para obtener un panorama más abierto de todo. Para mí el ícono va con la lectura, es necesario conocer al santo, crear una intimidad entre uno y el santo que se está pintando, también son imprescindibles la liturgia, las bendiciones… Antes se hacía ayuno de comida, hoy creo que hay que hacer ayuno de imágenes, estamos bombardeados por imágenes constantemente, y conviene despojarse de ellas para poner la imagen verdadera, esa es la pequeña ascesis que se hace. Yo a mis alumnos les digo que no importa la técnica, no importa si dibujan mal, lo que vale es ese trabajo interior que empieza a nacer; así, el ícono va a ir mejorando porque algo interno ya cambió, y eso se percibe en el ícono, hasta en la luz; al principio, parecen medio tenebrosos los íconos, pero, a medida que adquirimos luz, eso se va reflejando en el ícono.
 
¿Usás oro?
 
-No, yo trato de rescatar los íconos más antiguos, y el oro es algo posterior. Al principio, todo se hacía con el oro de los pobres, que es el ocre amarillo. Me gustaría elaborar algo con oro, pero no mucho; algunos íconos están hechos totalmente de oro y se pierden entre tanto oro; lo importante no es el oro, las piedras, sino el ícono, claro que es cuestión de gustos, para mí la imagen no se puede perder.

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