martes, 12 de febrero de 2013

Ultima entrevista al P. Hernán Pérez Etchepare - Parte 1


En diálogo
TOC
Obsesiones y Compulsiones - Parte 1
Autor: Lis Anselmi 
www.elangelenelarbol.blogspot.com
lisanselmi@yahoo.com.ar

TOC - P. Hernán Pérez Etchepare - ROLEsta es la última entrevista realizada al P. Hernán Pérez Etchepare, en ella nos habla sobre las obsesiones y las compulsiones, las explica desde el texto bíblico del AT, Libro de Samuel 1.
Si hablamos de compulsión y obsesión, hay que pensar qué nos pasa con esta sociedad que estamos construyendo, qué nos pasa como personas, cómo vamos incidiendo y cómo nos estamos también, de alguna manera, acomodando y creciendo en esta familia que es la familia humana.
El tema de las obsesiones y la compulsión ha tomado mucho auge, pero siempre existió. En la Biblia, hay un trastorno compulsivo obsesivo en Saúl, que era una persona con muchas responsabilidades. Los trastornos obsesivos compulsivos no distinguen clase social, ni bienestar económico, ni a las personas, por eso, el que padece esta enfermedad, en el pueblo de Israel, de forma notoria, es Saúl, el primer rey de Israel.


Samuel, el gran profeta, le dice a Saúl lo que debe hacer de parte de Dios, el rey no podía hacer lo que quería, sino el bien para su pueblo. Un rey siempre tiene que estar al servicio de su comunidad, pero la comunidad a veces demanda cosas demagógicas. Los gobernantes ven la popularidad de las medidas que van a tomar porque quieren quedar bien con todos, por eso, a menudo, nos vienen angustias del requerimiento social; hay cosas que nos impone la sociedad que no son sanas, y, así, debemos diferir la gratificación para el futuro. Uno madura cuando es capaz de tomar una determinación para el largo plazo, construir, realizar actos de bien, poder proyectarse. Esta sociedad nos infantiliza, nos hace caprichosos, nos va generando toda una capacidad de no poder entender cuál es mi misión en esta tierra, qué puedo yo aportar...
Un cuento relata que había un señor muy ancianito que estaba plantando palmeras, entonces, se le acercó un joven y le preguntó para qué estaba plantando palmeras si ni las iba a ver crecer. El anciano le respondió que él había vivido feliz comiendo esos dátiles que habían plantado otros, y quería que otra gente también fuera feliz. El poder plantar también guarda en sí una felicidad que las personas inmaduras muchas veces no pueden ver.
Las compulsiones se asocian con no poder sacar esas ideas fijas que mantenemos y no podemos hacer lo que queremos; estamos compelidos a determinadas ideas, pensamientos, porque no queremos destrabar esa situación que está en la base de toda situación compulsiva, cosas que nos producen angustia, que no sabemos resolver y respondemos con determinados ritos y acciones.
Saúl no cumple el mandato de Dios, que es bastante fuerte: exterminar a los amalecitas, entregar todo al holocausto. Samuel se enoja con Saúl, y este se vuelve compulsivo.
Del Libro de Samuel 1
“Le llegó entonces a Samuel una palabra de Yavé: 11 «Me pesa de haber dado la realeza a Saúl, porque se apartó de mí y no obedeció mis órdenes». Samuel se sintió muy disgustado por eso y suplicó a Yavé toda la noche. 12 Muy de mañana Samuel salió para encontrarse con Saúl, y le dijeron: «Saúl fue a Carmel para levantar allí un monumento en recuerdo de su victoria, luego partió de allí y bajó a Guilgal». 13 Cuando Samuel llegó donde estaba Saúl, éste le dijo: «Yavé te bendiga, he ejecutado las órdenes de Yavé». 14 Pero Samuel le contestó: «¿Qué ruido es ese que siento de cabras y ovejas? ¿Qué ruido es ese que siento también de bueyes y burros?» 15 Saúl respondió: «Los trajimos de los amalecitas. El pueblo separó lo mejor del ganado menor y del mayor para ofrecerlo en sacrificio a Yavé tu Dios, pero todo lo demás fue condenado al anatema».
16 Entonces Samuel dijo a Saúl: «¡Basta! Voy a comunicarte lo que me dijo Yavé esta noche». Saúl le dijo: «Habla». 17 Samuel le dijo: «¿No te convertiste en jefe de las tribus de Israel? ¿No te consagró Yavé como rey de Israel cuando eras tan poca cosa a tus propios ojos? 18 Yavé te había confiado una misión, te había dicho: Anda, condena al anatema a los amalecitas; harás la guerra a esos pecadores hasta exterminarlos. 19 ¿Por qué no hiciste caso a las palabras de Yavé? ¿Por qué te abalanzaste sobre el botín? ¿Por qué hiciste lo que es malo a los ojos de Yavé?
20 Saúl respondió a Samuel: «Hice caso a la voz de Yavé, hice una expedición por donde Yavé me había mandado. Capturé a Agag, rey de Amalec, y condené a Amalec al anatema. 21 Pero el pueblo separó del botín lo mejor del ganado menor y mayor. Lo excluyó del anatema para ofrecérselo a Yavé tu Dios en sacrificio, en Guilgal». 22 Samuel le contestó: «¿Piensas acaso que a Yavé le gustan más los holocaustos y los sacrificios que la obediencia a su palabra? La obediencia vale más que el sacrificio, y la fidelidad, más que la grasa de los carneros. 23 La rebelión es un pecado tan grave como la brujería; la desobediencia es un crimen tan grave como la idolatría. ¡Ya que rechazaste la palabra de Yavé, Yavé te echa de la realeza!»
24 Saúl dijo a Samuel: «Tuve miedo al pueblo e hice lo que me pedía, por esta razón pequé y desobedecí la orden de Yavé y sus palabras. 25 Ahora, por favor, perdona mi pecado y ven conmigo para que me postre delante de Yavé».”
En este relato, vemos cómo se inicia la obsesión del rey Saúl, tiene miedo, está enfermo de miedo. Con las obsesiones nos pasa que sentimos un peligro, tememos algo, entonces, cualquier cosa nos provoca un asedio, un fuego interior, una persecución, parece que nos van a tirar a un abismo, nos desata todo un engranaje de pánico, que no es el ataque de pánico, sino una angustia interior; entonces, hacemos un determinado rito que nos calma, que es la droga, que nos da esa seguridad que buscamos. Por eso, el rito, la obsesión, es un placebo, que, lentamente, va carcomiendo la convivencia, porque, si estoy todo el día lavándome las manos, si estoy todo el día huyendo de la gente, si estoy todo el día temiendo algo, termino minando la convivencia, si hago compras compulsivas, termino rematando la casa donde vivo. El sexo compulsivo, el juego, termina rifando los recursos de todos, lo que nos hace bien a todos.

Así Saúl rifó la realeza, por miedo al pueblo, por no cumplir su misión, por no hacer bien lo que tenía que hacer, por miedo al otro.

3 comentarios:

catalinaladivina dijo...

Qué emoción me produce leer alo que respondió nuestro común sacerdote y amigo Hernán,Aunque él ya no esté en este mundo,sus reflexiones y sus escritos nos siguen acompañando t y enseñando.¡Gracias Lis!
Elsa Tébere

catalinaladivina dijo...

Qué emoción me produce leer alo que respondió nuestro común sacerdote y amigo Hernán,Aunque él ya no esté en este mundo,sus reflexiones y sus escritos nos siguen acompañando t y enseñando.¡Gracias Lis!
Elsa Tébere

Anónimo dijo...

Como Elsa, digo que me cuesta mucho
comentar algo que dijo o escribio,
alguien tan querido como nuestro
comun amigo Hernan.!

ETEL