jueves, 24 de febrero de 2011

El árbol y la peña…


-¿Qué es amar…?
Le dijo el viejo árbol a la colina,
-¿Es acaso enfrentar los vientos
arraigado en tu pedregosa cima?

-No te das cuenta querido árbol
que aquí ves los ríos y los valles
y no estás inmerso en el bosque
que ahoga tus libertades.

-Si estuviera en la arboleda
tendría más compañía que tus peñas…
¿De qué me sirve ver más distante
si no tengo a nadie para llorar mis penas?

-No te quejes de tu suerte
y de tener que soportar las tempestades
toda vida está llena de problemas
por eso nunca envidies a nadie.

-Si viviera en el bosque
estaría bien protegido
cantando alegremente
la canción de estar unidos.

-Vivir en el bosque no es fácil
todos compiten por la luz
y por llegar a ser alguien,
no les importa el más débil
ni ser amigo de nadie.

Cuando viene un incendio
están todos atrapados
y el castillo que construyeron
en un instante queda arrasado.

No te quejes de tu suerte
ni de que tus amigos sean distintos
aprecia cada ser como único e infinito.

-Gracias peña por ser tan franca
nunca te percibí como una amiga
siempre te observé a la distancia.

Invariablemente me cuesta
hundir mis raíces entre tus grietas,
pero en lo que dices
se encuentra mi respuesta.

No todo amigo te hace crecer
y muchos se acercan por interés,
pero en tus piedras yo encontré
la amistad que me hace bien…

-A mí también me reconforta
saber que en mi ladera
hay una bella fronda
que es refugio del peregrino
y abrigo para los rebaños
que pastan por el camino.

Pero sobre todo me alegro
porque fecundas mis entrañas,
yo no sería la misma
sin el amor que me regalas.

¡Oh! Dios que nos ofreces
la amistad en todo tiempo,
haz que pueda reconocer
al amigo cuando es verdadero.

P. Hernán Pérez Etchepare, ssp